Tuve una pesadilla sin final,
intenté despertar, fue irracional.
Sentí mi cuerpo envejecer,
como un otoño sin volver.
Y de repente, un gran cambio,
dejé de ser carne y me hice aire.
Me volví gas, un soplo gris,
entre el concreto y el jardín.
Soy aire… solo aire.
Oxígeno, nitrógeno… por todas partes.
No soy puro, no.
Pero todos quieren amor.
Y amor es aire.
Soñé que era aire…
Y pude oír
cada secreto por descubrir,
detrás del muro, bajo la piel—
yo vivo en él.
Mi cuerpo ya no pudo más,
demasiado chico para tanto dar.
Ahora respiro en cada andar,
en cada boca, en cada hogar.
Doy consuelo y doy calor,
una presencia, un nuevo ardor.
Ya no me ata la ansiedad,
porque ahora soy…
solo aire.
Aire… aire…
Soy amor y gravedad.
En cada grito, cada voz,
en cada cuarto sin reloj.
Sí, soy el aire,
el que no ves,
pero respiras cuando estás de pie.
Y soy feliz.
Soñé que fui…
el aire en ti.