Hermosa señorita—
soy el hombre de la noche.
Mi bestia de acero ruge
por tus calles dormidas.
Canto para ti—
una serenata solitaria.
Pero no mires muy adentro…
solo encontrarás tu reflejo—
tus deseos y tus anhelos,
alineados en mi espejo.
Fui dueño de tus sueños nocturnos—
arquitecto de susurros cariños.
Pero todo cambió…
cuando apareció Señor O—
más oscuro y elegante que yo.
El se mueve entre la gente
como flotando en el aire.
Las señoritas hipnotizadas
por su magia sin par.
Golpeaba el aire—
furia inútil entre la niebla.
Decían su nombre como una oración,
el mío desapareció en el rincón.
Señor O—sonrisa oscura en acción…
perdí la partida en su atracción.